La utilidad de una línea directa de denuncias anónimas de malas conductas es obvia, pues permite recopilar más alertas. No obstante, no queda tan claro, al menos por ahora, cómo debe implementarse una línea directa de denuncias en la política de integridad de una empresa.
Como Estados Unidos fue el pionero en líneas directas de denuncias, la mayor parte del conocimiento práctico y la experiencia procede de ese país. Los proveedores de líneas directas, es decir, los centros de llamadas, también suelen estar ubicados en Estados Unidos y están diseñados conforme a las particularidades y los principios estadounidenses. Cuando las líneas directas de denuncias se integraron en la práctica diaria de las empresas que cotizan en bolsa, no supuso ninguna novedad para los empleados estadounidenses, que ya estaban familiarizados con ellas. No obstante, esto no fue así con los empleados europeos en la Europa continental y otras partes involucradas. A día de hoy, aún ven las líneas directas de denuncia de malas conductas como una herramienta desconocida (y poco querida), según indican las grandes diferencias que se observan en el número de denuncias en Estados Unidos y Europa continental.
Podemos asumir razonablemente que el número inferior de denuncias de Europa no se debe a que haya menos casos que merezca la pena denunciar. Al igual que los empleados estadounidenses, los europeos son un reflejo de la sociedad, y también suceden cosas inaceptables en Europa. El número inferior de denuncias significa, por tanto, que hay un gran número de problemas que no ven la luz.
No obstante, copiar el modelo estadounidense en Europa continental y esperar a que tenga el mismo éxito no es la solución. Creemos que esto no aumentará el uso de las líneas directas internas de denuncias en Europa: las diferencias culturales son demasiado grandes. El enfoque europeo con respecto a la denuncia de malas consultas se basa en proteger al denunciante, en obtener el máximo número de denuncias posible mediante la línea directa (por eso reciben el nombre de «hotlines», líneas calientes) y en enfatizar los aspectos legales al implementar el procedimiento de denuncia de malas conductas. Estados Unido no está especialmente preocupado por la protección de la privacidad ni está intentando evitar la denominada «cultura de clics». A pesar de ello, el enfoque unilateral ha llegado verdaderamente al continente europeo, donde ha originado alboroto y controversia. Los argumentos en contra de la implantación de líneas directas de denuncia están fuertemente arraigados y son muy emocionales. Se hacen comparaciones con los que cometieron traición en la Segunda Guerra Mundial, la Revolución Francesa, la Guerra Civil española y los antiguos regímenes totalitarios en los que se recompensaba a los informantes por cualquier dato sobre los que se oponían a la dictadura o al régimen. Esta resistencia se pone de manifiesto principalmente en la aplicación de la legislación de privacidad y las leyes de participación de los empleados. Por tanto, existe una necesidad de adoptar un enfoque europeo al implementar líneas directas de denuncias, en las que se tengan en cuenta los aspectos de privacidad, la participación de los empleados esté bien organizada, el acusado tenga también derechos y, sobre todo, se respeten los aspectos históricos y culturales.